FUNDATION CARTIER // MUSEO EN MOVIMIENTO

Hay museos a los que las obras tienen que adaptarse. Y hay otros que han decidido hacer exactamente lo contrario. En París acaba de ocurrir algo bastante extraordinario.

Después de más de treinta años en el célebre edificio de cristal del boulevard Raspail, la Fondation Cartier pour l’art contemporain hizo las maletas. Desde octubre de 2025 vive frente al Louvre, en el número 2 de la place du Palais-Royal. No es precisamente un vecino discreto, así como tampoco es su edificio.

Construido a mediados del siglo XIX, fue primero parte del Grand Hôtel du Louvre, después albergó los Grands Magasins du Louvre y, mucho más tarde, el Louvre des Antiquaires. Es decir, mucho antes de que llegara el arte contemporáneo, allí ya se exhibían cosas para ser miradas.

Jean Nouvel ha conservado esa memoria, pero ha hecho algo bastante más interesante que diseñar otro gran contenedor blanco para el arte: ha creado un museo que puede transformarse. En su interior existen cinco enormes plataformas móviles, de entre 200 y 340 metros cuadrados, capaces de situarse a diferentes alturas. Suben, bajan y alteran los volúmenes del edificio; una exposición puede necesitar intimidad y la siguiente once metros de altura. El museo, literalmente, cambia con ellas. Y eso dice mucho de la propia Fondation Cartier.

Desde que fue creada en 1984, nunca ha entendido el arte contemporáneo como un territorio reservado únicamente a pintores y escultores. Por sus proyectos han cruzado artistas, arquitectos, científicos, músicos, cineastas, antropólogos y pensadores. Más que imponer disciplinas, la Fundación lleva cuatro décadas empeñada en mezclarlas. Ahora dispone de 8.500 metros cuadrados abiertos al público, 6.500 de ellos dedicados a exposiciones, grandes ventanales hacia París y una arquitectura que convierte al propio edificio en parte de la experiencia.

Lo contemporáneo reside tal vez ahí, no en construir un museo cada vez más monumental, sino en aceptar que no sabemos cómo necesitaremos mostrar el arte dentro de diez, veinte o cincuenta años. Por eso Jean Nouvel no ha diseñado una respuesta. Ha diseñado la posibilidad de cambiarla.

Fundation Cartier // Imagen rediseñada con AI

Ramón Jiménez Lobo